El pesimismo, al cual tenemos tanto derecho como al entusiasmo y al optimismo, se deja ver en esas miradas sombrías que a menudo son fruto del vértigo que provoca asomarse a las ventanas que abrimos sobre el Universo. Da miedo no conocer los límites, sin embargo nos empeñamos en saltarlos; así ha funcionado el hombre siempre en su relación con la ciencia.
Mary Shelley reflexiona en su Frankenstein sobre la osadía del hombre que se erige como creador de vida. La autora explica cómo surgió la idea del argumento de su relato, fruto de una especie de apuesta entre varios escritores que pasaban un verano en Suiza: Lord Byron, Mary y su esposo Shelley, conversaban una noche sobre ciencia y filosofía y decidieron escribir un relato cada uno, inspirado en esas divagaciones.
“Lord Byron y Shelley tuvieron muchas y prolongadas conversaciones, de las cuales yo era devota pero casi muda participante. Durante una de ellas se habló de diversas doctrinas filosóficas y, entre otras, de la naturaleza del principio de la vida y de las posibilidades de que llegue a ser descubierto y dado a conocer. Hablaron de los experimentos del Doctor Darwin, no de lo que hizo en realidad o dijo haber hecho, tema mucho más adecuado a mis propósitos. Asegurábase que había guardado un trozo de fideo en una caja de vidrio hasta que, por algún medio extraordinario, empezó a moverse con movimiento voluntario. En medio de todo, no se proporcionaría así la vida; tal vez fuera posible reanimar un cadáver y el galvanismo había dado prueba de ello; quizá las diversas partes de una criatura pudieran ser fabricadas, reunidas y provistas del calor de la vida”. 
Este mismo entusiasmo del siglo XIX por la ciencia, mezclado con cierta expectación, no exento de miedo en algunos , se conserva hoy en el hombre que vive ya inmerso en la cultura digital. Realmente es asombroso el alcance de la tecnología en la vida del hombre, y por eso es un buen caldo de cultivo para opiniones reaccionarias que creen ver al monstruo de Frankenstein en cada nuevo avance. Un ejemplo es la actitud de la iglesia católica sobre los nuevos medios digitales de los que dice que “los nuevos lenguajes que se están desarrollando en la comunicación digital, que determinan «una capacidad más intuitiva y emotiva que analítica y una distinta organización lógica del pensamiento y de la relación la realidad, privilegiando a menudo la imagen y los enlaces hipertextuales”.


Flashes de la Iglesia.- Al recibir ayer a los participantes en la Plenaria del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Benedicto XVI los ha alentado, según ha informado Radio Vaticano, a profundizar en la ‘cultura digital’, estimulando y sosteniendo la reflexión para una mayor concientización en lo que respecta a los desafíos que se presentan para la comunidad eclesial y civil, con una exhortación a impulsar los valores espirituales para promover una comunicación verdaderamente humana, el diálogo y a la responsabilidad y nunca el engaño y la seducción lingüística, la incomunicabilidad y la violencia.
El Papa ha recordando su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, cuyo lema es «Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital» y que se celebrará el, 5 de junio 2011, siendo el domingo anterior a Pentecostés.

Haciendo hincapié en «la amplia transformación en el campo de los medios de comunicación, que dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy», y señalando que se está desarrollando un nuevo modo de ‘aprender’ y de ‘pensar’, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión, Benedicto XVI ha reflexionado hoy sobre los nuevos lenguajes que se están desarrollando en la comunicación digital, que determinan «una capacidad más intuitiva y emotiva que analítica y una distinta organización lógica del pensamiento y de la relación la realidad, privilegiando a menudo la imagen y los enlaces hipertextuales».
Ante los riesgos «de pérdida de interioridad, de superficialidad en vivir las relaciones humanas, de la fuga en la emotividad, del que prevalezca la opinión más convincente por encima de la verdad», que son «consecuencia de una incapacidad de vivir con plenitud y de manera auténtica el sentido de las innovaciones», el Papa ha hecho hincapié en la urgencia de reflexionar sobre los lenguajes de las nuevas tecnologías:
«El punto de partida es la Revelación misma, que nos testimonia cómo Dios haya comunicado sus maravillas precisamente en el lenguaje y en la experiencia real de los hombres, ‘según la cultura propia de cada época’ – dice la Gaudium et spes- , hasta la plena manifestación de sí mismo en el Hijo Encarnado. La fe siempre penetra, enriquece, exalta y vivifica la cultura. Y ésta a su vez, se hace vehículo de la fe, a la cual ofrece el lenguaje para pensar y expresarse. Es necesario pues volverse atentos escuchadores de los lenguajes de los hombres de nuestro tiempo, para estar atentos a la obra de Dios en el mundo».
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Sin embargo el hombre busca perfeccionarse y consigue, mirando el mundo al que pertenece, conocerlo y dominarlo, y en esto reside la grandeza de su empeño, aunque en principio resulte turbador lo que parece un desafío a la naturaleza. La idea de perpetuarse, prolongarse en el tiempo, permanecer, es sin duda un desafío a lo natural y lo biológico, pero el hombre sueña con la posibilidad. Desde el retrato en un lienzo, pasando por la fotografía y la película hasta la posibilidad que ya existe de grabar cada momento de la vida para vencer el paso del tiempo…crear memorias alternativas.
En la novela de Adolfo Bioy Casares La Invención de Morel, escrita en 1940, el protagonista llega a una isla remota, huyendo de la justicia, y observa cada día escenas de la vida de personas que ya no están en realidad, se enamora perdidamente de Faustine, que solo es una imagen del pasado, pero que parece vivir junto a otras personas, en un verano que se prolonga. Todo se produce a través de una máquina que logra grabar la vida y proyectarla en otro tiempo. El patético deseo final del personaje es que en un futuro alguien invente un artefacto capaz de reunir las presencias disgregadas y poder entrar en la vida de Faustine.
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